Cortesía Electrónica

Ramón Acosta Guzmán
Gerente de Proyectos
CoSphere Consulting Group

Ayer volvió a pasar… envié un correo pidiendo una respuesta concreta y nada, aún la sigo esperando

Indudablemente que vivimos tiempos distintos. La disponibilidad de la tecnología en todo momento y lugar promueve la comunicación humana en forma espectacular, sin embargo, ella misma nos facilita el poder infringir las más elementales reglas de cortesía sin tener que dar la cara.

 

Enviamos un correo solicitando una respuesta y nos quedamos con la “tecla en la mano” es decir con la “palabra en la boca”. Lo mismo ocurre si los enviamos por vía celular y no recibimos respuesta. Ni que decir cuando llamamos y no nos responden; el interlocutor está ahí, mira la pantalla de su celular, decide no contestar y en el mejor de los casos nos manda al buzón de voz. Tratamos de enlazar a alguien en particular por cualquiera de las nuevas redes sociales, vemos que el contacto está en línea, pero no recibimos respuesta. En cualquier caso, nos quedamos con la duda de si efectivamente llegó nuestra solicitud y no nos quisieron responder o si en verdad nuestro requerimiento no alcanzó su destino.

Si la razón es tecnológica, no hay por qué preocuparse o molestarse, pero ¿qué pasa si el motivo es de otro tipo?

Argumentos como: “estaba ocupado”, “lo vi, pero olvidé responderte”, “no me di cuenta”, “se me agotó la batería”, etc., son respuestas típicas y lamentables cuando son pretextos para no responder.

La mayoría de nosotros conocemos y practicamos las reglas elementales de convivencia, entre las cuales está justamente: “si alguien te habla, responde”. Esto lo hacemos en forma natural cuando interactuamos cara a cara con otros: al solicitarnos la ubicación de una calle, la hora, un saludo, pedir la sal en la mesa, etc. ¿Por qué entonces no seguimos este principio ante un requerimiento por vía electrónica?

Me parece que la respuesta más profunda reside en una paradoja: la tecnología habilita la comunicación y el conocimiento pero también habilita el ocultamiento y el anonimato. Si alguien no responde a nuestro saludo decimos que es un patán, si no nos dice la hora o si no nos dice al menos que no sabe dónde está la calle, es un descortés. ¿Habría que crear un nuevo calificativo para aquellos que no atienden los llamados electrónicos?

Respondamos a los requerimientos electrónicos de quien nos llama. No nos ocultemos a la sombra de la tecnología, usémosla como la mejor herramienta de comunicación jamás construida por el hombre. Un simple: “no sé, luego te llamo, ya lo recibí, lo platicamos más tarde”, etc. hará saber a nuestro interlocutor que su tiempo y su preocupación son tan valiosos como los nuestros.