Empresas con Alma...¿Es posible?

Héctor Lozano Moreno
Socio Director General
CoSphere Consulting Group

En mis más de 20 años como consultor de negocios y de personas he podido comprobar que las empresas son seres orgánicos… casi humanos. Tienen cabeza (sus directivos), cuerpo (la organización), emociones (las reacciones generales ante determinados estímulos), una razón de existir (la misión), sueños (la visión), deseos (estrategias) y temores (riesgos). Pero tristemente también he comprobado que la mayoría de ellas carecen de alma... lo que las convierte en humanoides, casi robots.

  • Casi todas tienen claro que desean ganar dinero, obtener beneficios para sí, dominar el mercado, vencer a los demás y ordenar a cada uno de sus miembros que se muevan eficaz y eficientemente. Muchas ingieren anabólicos, se implantan brazos y piernas de acero, ejercitan la mente para superar a los enemigos y miden continuamente su desempeño para asegurar que superan permanentemente sus marcas.

Probablemente este tipo de empresas han desarrollado capacidad para sobrevivir o ganar la batalla, si entendemos a este ser dentro de una sociedad competitiva, excesivamente materializada y egoísta. Una sociedad que se degrada día a día… en la que lo importante es TENER, no SER. Pero, ¿tener éxito así es lo que necesitan las empresas? ¿es perdurable su éxito? ¿a eso se le puede llamar éxito?

Al igual que el ser humano de hoy, que cuenta con más comunicaciones, tecnología y facilidades que nunca, pero está más vacío, solitario y confundido existencialmente que jamás en la historia, las organizaciones se debaten por encontrar un verdadero y trascendente sentido en sus proyectos de vida, más allá del ganar dinero y reputación.

Pero ¿es posible? ¿la empresa puede y debe tener una misión superior a la de acumular ganancias? ¿los ejecutivos habrán ganado conciencia al respecto?... he comprobado que algunos sí, pero con tristeza debo aceptar que en la gran mayoría de los casos no, más allá de la retórica y los clichés mercadológicos.

Nunca antes enfrentamos riesgos de la magnitud que hoy estamos viendo… sin importar el tamaño de la organización o sus años de vida, la empresa puede desaparecer de un momento a otro, o fusionarse, perdiendo, de un plumazo, su gente, sus principios, su historia y su sueños.

Pero aún es tiempo. ¡Debemos despertar!

Hoy más que nunca, el propósito de la empresa no debe ser “hacer negocio”; esto será sólo la consecuencia de una aspiración superior: la de crear algo valioso, trascendente… algo de lo que todos en la empresa se puedan sentir verdaderamente orgullosos.

Se necesita urgentemente una filosofía que se fundamente en principios universales profundos e imperecederos y un verdadero sentido del bien común y la solidaridad. Y eso sólo es posible si se infunde en todos los integrantes un profundo amor… amor por la naturaleza, amor por sí mismos, amor por el hombre, amor por la sociedad, amor por el trabajo… amor por los fines y amor por los medios.

Puede sonar estrafalario hablar de amor en el trabajo, en una empresa. Nos han inculcado durante siglos, que la empresa es una pieza de producción cuyo único y sublime fin es hacer dinero, y que la gente debe estar en ella para buscar su supervivencia (a cambio de explotación) o, en el caso de los profesionales y ejecutivos, para obtener dinero, prestigio y poder. Qué manera de subestimar y de desperdiciar la potencia más pura, más poderosa y más sublime que posee el hombre: su inagotable capacidad de amar. El único recurso en la organización, que mientras más se emplee y mientras más se dé, más se reproducirá… más se renovará. El único recurso que no requiere de dinero para obtenerse, que no necesita permisos de Gobernación y por el que no se pagan impuestos… que no distingue niveles de estudios, clases sociales, género, ni estatus en la estructura organizacional. ¡El único recurso que puede provocar una verdadera y profunda revolución!

Parece un reto fuerte ¿verdad? Y lo es. Pero no podemos seguir postergando la tarea de cambiar la conciencia de las empresas, su fin y los medios. Estoy seguro que por donde vamos, lo único que vamos a lograr es acabar con las empresas, con la gente que trabaja en ellas, con la sociedad y con el planeta.

Ahora bien, si hasta aquí he logrado que usted se interese en construir una empresa con alma o contribuir con su granito de arena a ser parte de ella, permítame compartirle los que, desde mi punto de vista, pueden ser los elementos clave:

Si queremos tener empresas más productivas, generar empleos, contribuir al desarrollo del país y vencer los males que aquejan a nuestro querido México, aquí hay una opción… una enorme opción. SER o no SER... esa es la cuestión.