Planeación y ejecución: el arte de la sustentabilidad

Héctor Lozano Moreno
Socio Director General
CoSphere Consulting Group

A pesar de que llevamos ya algunas décadas de estar hablando de las tremendas implicaciones que las grandes transformaciones políticas, geográficas, sociales, económicas y tecnológicas han traído a nuestras vidas y al de las organizaciones, la verdad es que en una gran cantidad de compañías públicas y privadas aún subsisten las formas de trabajo tradicionales basados en la división de trabajo, los silos funcionales, las jerarquías, la reducción de costos y el excesivo enfoque interno, que pone en riesgos la competitividad y la viabilidad de muchos negocios.

Aunque hay ejemplos de empresas que supieron leer a tiempo los signos de los nuevos tiempos, persisten miles de ellas (aunque cada día con más riesgos) que no le han dado la debida importancia a la estrategia, la innovación, el conocimiento y la tecnología para sustentar su propuesta de valor y competir en un mundo cada vez más voraz.

Para darnos una idea de lo duro que es lograr el éxito y mantenerse, basta recordar que de las 100 empresas más grandes, de acuerdo a Fortune, que había en 1983, ¡sólo el 26% sigue existiendo al 2005!

Imagínese! Si esto ha sucedido con los grandes emporios, qué se puede esperar de las organizaciones mortales, que día a día se despiertan y se ven haciendo un esfuerzo sobrehumano para, ya no competir, sino al menos subsistir.

La fórmula, sin embargo, para la supervivencia, y mejor aún, el éxito y la sustentabilidad, no es sencilla. Se requiere esfuerzo, inteligencia, creatividad y una disciplina férrea.

Y antes que nada se requiere acabar con la apatía y desinterés que muchos ejecutivos demuestran en la planeación y la administración estratégica. Según algunos analistas, sólo el 40% de los gerentes y ¡el 3% de los empleados de línea! entienden la visión del negocio; ¡el 45% de las empresas no tienen un plan estratégico!; el 45% de las empresas no le dedican ¡ni un minuto! a la estrategia durante las sesiones de dirección. Y según Fortune ¡9 de cada 10 empresas fracasan al implementar su estrategia!

Con semejante desdén hacia lo único que puede hacer exitosa y perdurable una compañía –su estrategia de negocios– es entendible que todos los días mueran empresas de todos los giros y tamaños.

Las organizaciones que pretendan encontrar la fórmula del éxito y la continuidad, deben caer en la cuenta que no es a través de ligeros ejercicios anuales de “planeación” como lo van a lograr. Se requiere cambiar completamente las prácticas de gestión estratégica imperantes e instrumentar modelos más amplios y profesionales que permitan volverla un proceso continuo y único que funcione como el nervio central de la organización a todos los niveles.

Si la empresa es capaz de conocer ampliamente el entorno competitivo de la compañía y a partir de él, formular una estrategia clara, enfocada, poderosa, diferenciada, integral, pertinente, flexible y dinámica que determine con precisión qué se debe hacer, pero también cómo ha de hacerse, cuándo (asegurando que está considerado el corto, mediano y largo plazo), quién y con qué, se tendrán muchas más posibilidades de éxito.

Si además, se implementa un sistema de administración que garantice la coordinación de acciones estratégicas, la medición, el monitoreo y el aprendizaje, las posibilidades se multiplicarán.

Valiéndose de potentes técnicas y herramientas, tales como los mapas de estrategia –que son la expresión sistémica de la estrategia de negocio expresada a través de objetivos conectados por relaciones de causa-efecto–; tableros de control –que permiten medir y dar seguimiento a los objetivos estratégicos–; portafolios de proyectos –conjunto estructurado y priorizado de iniciativas clave–; mecanismos de seguimiento y gobierno corporativo; así como instrumentos organizacionales y de cultura que mueven a los ejecutivos y al personal en general a enfocarse, alinearse e integrarse en torno a la visión y objetivos institucionales, la Administración Estratégica del Desempeño basada en el Balanced Scorecard ha venido a llenar los huecos que durante años la planeación estratégica había dejado y a proveer a los ejecutivos de modelos y herramientas poderosas para, no sólo sobrevivir en la encarnizada batalla de los negocios de hoy, sino aún más… a perdurar, teniendo un fuerte impacto social.